Córdoba

Fue capital de la provincia romana Provincia Hispania Ulterior Baetica (Bética), una época de esplendor, en la que llegó a contar con numerosos edificios lúdicos, proporcionando al mundo latino grandes filósofos como Lucio Anneo Séneca, oradores como Marco Anneo Séneca y poetas como Lucano. Más tarde pudo formar parte de la provincia de Spania del Imperio bizantino, aunque este hecho no está demostrado.

Córdoba fue capital del Emirato Independiente y del Califato Omeya de occidente, época en la que alcanzó su mayor apogeo, llegando a tener entre 250.000 y 500.000 habitantes, siendo en el siglo X una de las ciudades más grandes del mundo.

Durante el gobierno de Abderramán I, se empezó a erigir la gran Mezquita de Córdoba (completada en el siglo X) sobre la base de la Basílica de San Vicente Mártir, templo compartido por musulmanes y cristianos hasta esa fecha. Los cristianos debieron levantar a partir de entonces su iglesia en las afueras de Córdoba. Se afirmaba que en la Mezquita se conservaba el brazo de Mahoma, y llegó a ser lugar de peregrinación para los musulmanes.

Una publicación dice: “Su carácter sagrado solo lo superaba La Meca y […] el visitarla absolvía a los fieles de la obligación de hacer el peregrinaje a Arabia”. Igualmente, la ciudad contaba con una famosa universidad y una biblioteca pública que contenía unos 400.000 volúmenes.

Había veintisiete escuelas gratuitas para enseñar a los niños pobres, y el nivel de alfabetización, tanto de los niños como de las niñas, era muy alto. Los jóvenes que pertenecían a la nobleza de los reinos católicos del norte de España recibían su educación en la corte mora, y las mujeres ricas de Francia encargaban en Córdoba sus trajes más elegantes. La ciudad estaba adornada con jardines, cascadas y lagos artificiales, y mediante un acueducto, se suministraba agua dulce en abundancia a las fuentes y los baños públicos, de los que, según un cronista musulmán, había setecientos. Por toda la ciudad podían verse suntuosos palacios, uno de los cuales, al-Zahra (Medina Azahara), a las afueras de Córdoba, requirió veinticinco años y el duro trabajo de 10.000 obreros para completarse. Sus ruinas testifican aún hoy de su anterior grandeza.

Localización de Córdoba

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